¿Cómo iniciar en la Fotografía de Arquitectura? | Parte 3

"Tomar fotografías es un acto muy sencillo. No hay gran secreto en ello... las escuelas están llenas de mierda. Lo que necesitas es aplicarte y practicar en lo aprendido. Tengo la absoluta convicción de que si se trabaja razonablemente bien, lo único importante es seguir disparando… no importa si con ello ganas dinero o no. Sigue trabajando, porque conforme se continua en el proceso de trabajar las cosas empiezan a suceder".


Elliott Erwitt.



No le voy a mentir. Si no es usted inteligente, la fotografía de arquitectura le supondrá una forma bellísima de perder dinero. Además de incontables anécdotas con su pareja sobre por qué gasta en vidrio lo que vale un coche.

Así que antes de brincar a la nopalera, vamos a hablar de dinero, de lana, de billete, de pasta, ya me entiende, que si se mete en este rollo, no es solo por amor a la fotografía o a la arquitectura.


Tome en cuenta que estamos abordando la fotografía de arquitectura como un negocio. Y cualquier negocio, pues tiene que generar rendimientos, si no, ¿para qué lo echa a andar? Si aborda la fotografía de arquitectura como un hobby, pues esto no le interesará y corra ya mismo por una Leica, o de plano una Fujifilm —para que si se la roban, no sienta que le han robado el coche— o cualquiera de esas telemétricas que se ven muy monas al cuello.



La educación fotográfica y su valor para los clientes


Bueno, vamos a entrar al berenjenal: Contar con una educación formal en fotografía no le asegura ingresos mayores a los de alguien que no cuenta con ella. A lo mucho, le asegura trabajar con clientes que sí den valor a esta educación, quienes por infortunio, son bastante escasos.


¿Quiénes son estos clientes? Pues oficinas de arquitectura, claro está. Talleres de arquitectura en todo el mundo dan a conocer sus proyectos principalmente —en muchos casos, únicamente— a través de fotografías. Porque la verdad, no le veo a usted muchas ganas de volar a Burkina Faso y de esquivar balas jihadistas con tal de conocer la obra temprana de Francis Kéré. Así que para los talleres, las fotos son importantes, sí. Pero para varios de ellos —que no todos, ojo—, no es tan importante quién las tome. O qué educación tenga siquiera.


Porque resulta que al menos acá en México, ya es bastante difícil para una oficina de arquitectura (sobre)vivir del proyecto. Salvo que dirija una oficina de varias generaciones, con oficina en piso 27 y recepción con papel tapiz de portadas en revistas, casi cualquier arquitecto en jefe se tronará los dedos cada quincena pensando en la nómina. Es por eso, porque el oficio ya es financieramente arduo, que aunque algunos arquitectos sí dan valor a una educación en la fotografía, la mayoría de ellos, no cuentan con un presupuesto mínimo para las fotografías de sus propios proyectos.


Entonces, ¿dónde más encontrará sus clientes? Pues en el mágico mundo de la venta de inmuebles.


Promotores, vendedores o desarrolladores serán su target. Retomando la educación en fotografía, la mitad de ellos le da poco valor. Salvo honrosas excepciones, no les interesa si egresaste de la New York Film Academy. Para algunos incluso ¡ya eres un fotógrafo si andas con una cámara en la mano! Como si al tocar el equipo, la matrix te cargara todos los cursos del Magnum Learn. En esos casos, todo el equipo que poseas te ayudará: Entre más grande la cámara y más largo el lente, más profesional. ¿Que vas a sacar fotos de un cuarto de 3x3 metros? Llega con el 70-200 montado. Le sacas dos fotos a algún apagador y lo cambias luego. Pero usted se presenta todo un macho alfa, como toda una hembra empoderada de la fotografía. Ahora, que si aparte llegas con un monitor externo y equipo de iluminación, les he visto disimular orgasmos.


A la otra mitad de promotores, vendedores y desarrolladores, les importa un carajo la educación y ya de paso hasta la calidad de sus fotografías.


¿No me cree? Cuanta desconfianza, oiga. Pero a diferencia de otros charlatanes, yo le ofrezco pruebas irrefutables. Le propongo un ejercicio de ociosidad: Busquemos inmuebles en Ciudad de México. Inmuebles de varios millones. Bien ubicados, nada de casuchas hasta donde da vuelta el aire, segmento residencial plus. Debieran venderse con fotografías bastante pulidas, ¿no? A que se nos cuela Iwan Baan en algún anuncio, porque nadie en su sano juicio vendería inmuebles de varios millones con imágenes paridas por un celular, ¿cierto?


Pues veamos el primer anuncio del encabezado y como soy un palurdo iletrado, cedo el podio a una institución de la fotografía, un portento de la erudición visual con el que surcaremos los mares de talento que derrochan estas imágenes. Nada menos que el Doctor Espinobarros:


*Aplausos*


"Veamos... Para el sujeto no iniciado en la percepción polisémica, esta podrá parecer una fotografía desafortunada, incluso vomitiva, pero no es así. Para el ojo entrenado, es una clara referencia al pictorialismo artístico de los grandes maestros del claroscuro. No es que el exterior se haya sobreexpuesto y el interior subexpuesto a causa de tomar la foto con un celular patatero. No. Claramente el autor quiso imprimir un sentido de refugio, de humanización que cubre al hogar a través de la penumbra omnipresente en un clarísimo homenaje a Tanizaki.

Al presentar un exterior yermo, abrasador y estéril que se contrapone con el interior lóbrego pero acogedor, el creativo nos habla de la dualidad metafísica universal. De los principios herméticos. Del Ying y el Yang que componen nuestro universo."



"Vea usted qué maravilla la del segundo anuncio. Se nos presenta un plano general de un espacio entre espacios. No leemos con claridad ninguno de los dos —ni el comedor ni el asador—, pero no a causa de una deficiente composición, sino porque el autor prefiere jugar con el enigma, con el secreto. Sagaz en el oficio, sabe que la fotografía trata de lo que se muestra pero también de lo que no se muestra. El asador como hogar primigenio se ciñe de forma ortodoxa al tercio áureo de la imagen. Su peso visual genera lineas de una limpieza contundente, que son sometidas, domesticadas por el marco de vegetación, contrapunto útil pero no indispensable a la reciedumbre de sus formas."


"El tercer anuncio es otra perla. Bajo un ceñido plano holandés y con tonalidades propias de la escuela de Helsinki, la imagen se ve acentuada por destellos artificiales que nublan el encuadre, otorgándole misticismo y una atmósfera propia de los sueños y la narcosis. El creativo coloca implacablemente al centro del cuadro a nuestros protagonistas: el calentador y el lavadero. Dotándolos de una crudeza y acritud propia de las piezas más oscuras del arte conceptual. Colocados con simulada aleatoriedad, el autor nos lanza de lleno a los planos cinematográficos de Darius Khondji o David Lynch. Se intuye inevitable que un enano en traje se materialice y comience a lavar nuestra ropa."


*Aplausos*


Gracias. Ya ve usted qué joyas nos encontramos en la promoción de inmuebles. Y son apenas los tres primeros anuncios. ¡Los tres primeros, carajo! ¡Los que más pagaron por aparecer hasta arriba! Este será su cliente objetivo si se dedica a la fotografía de inmuebles. Es fácil competir en calidad contra esos espantajos, ¿a que sí? Pues qué le digo, que no competirá en calidad contra ellos. Competirá en precios. Pero de eso hablamos en un rato, aguánteme.


Y entonces, ¿que mejor no estudia nada? Pues no, tampoco, que no es blanco o negro, ese pensamiento es de un sith. Una educación en fotografía no le va a hacer ganar más plata, eso sí. Pero sin duda lo convertirá en un mejor fotógrafo. ¿A qué da usted más valor? ¿Si sus fotografías son de mejor calidad, esto lo acercará a un mayor número de clientes? No necesariamente. Acabamos de ver con ejemplos, que en el mercado inmobiliario la calidad de las fotografías no es un diferenciador importante. Esto es así en el mercado de inmuebles, nos guste o no. Si en vez de esto elige irse a pelear con novias belicosas o a rociar con spray botellas de vodka, pues aplican otras reglas. Cada tipo de fotografìa tiene sus reglas.


Pero que conste: el hecho de convertir esta actividad en un negocio rentable, no implica que se desentienda de instruirse en el oficio. Su meta no es entregar un trabajo mediocre. Porque además, siempre puede aprender de manera autodidacta.


En tal caso, devore libros de fotografía. Aprenda de los grandes maestros y estúdielos con fervor. En mi opinión personal, es preferible gastar una buena suma de dinero en libros y no en cursos de varios meses, incluso años. Pero allá usted. Si está usted en México y opta por la educación académica, hay excelentes opciones. Solo recuerde que las artes y la fotografía no es la excepción no limitan su aprendizaje a un periodo específico de tiempo. El viaje dura una vida.


Si opta por la educación digital, además de incontables tutoriales en YouTube, le recomendaría el curso de Jesús Granada, en Doméstika que está formidablemente estructurado.



Costos en el mercado de fotografía para inmuebles


El pago es bajo porque ya cualquiera toma fotografías. —así me lo dijo un promotor turístico—. Si hasta mi nieto de 10 años sabe tomar una foto.


Para el individuo de a pie, lo primero que viene a la mente cuando decimos "tomar una fotografía" es apuntar con un celular y tocar la pantalla. Bajo esa óptica, cualquier precio a pagar será alto. Todo el mundo lo hace. Todo el tiempo. Y además gratis.


No hay aranceles por servicios fotográficos. Así que vamos a partir desde varios criterios para llegar a un precio a cobrar por nuestros servicios. Yo pongo frente a usted la baraja y usted elegirá la carta.


Partamos de la recomendación de un profesional. Pregunté hace varios años a Omar Corona, director de Fotografía Escencial cuánto cobrar por fotografiar inmuebles. Fue claro y tajante en su respuesta: —Son 4,500 pesos (225 USD) por la sesión —o sea, por colocar su persona y su equipo en el lugar— y 300 pesos (15 USD) por cada fotografía que entregues. Sin considerar viáticos. Esto lo dice Omar desde sus varios años de práctica, pero también desde su intensa formación en negocios, por tanto, es una buena base para comenzar a analizar costos. Al día de hoy, acualizando por inflación, esos 4,500 pesos deben rondar los 5,000 y los 300 pesos, como 340 pesos.


¿Que más encontramos en el mercado? Pues de todo, que aquí la cosa comienza a ponerse color de hormiga: Desde empresas que cobran 90 pesos (4.5 USD) por fotografía, colectivos de fotógrafos que cobran 300 pesos (15USD) por fotografía —sin cobrar viáticos ni retoques—, hasta profesionales que cobran 4000 (200USD) pesos por fotografía mas viáticos y tiempo de retoques por hora. Por hora. ¿Le metes al cliente las horas del facebook? ¿O los minutos que te fuiste por el cafecito? Porque hay clientes que preguntan si en esas 8 horas extras de retoque que están en la factura, fue al baño o comió, y eso no lo pagan.



El precio promedio por fotografías


A ver. Si a usted le dan ganas de comerse una hamburguesa, sabe que en México sobran lugares, pero con un billete de 100 pesos, puede apersonarse en un McDonald's, un Burger King o en la hamburguesería de su colonia, y hacerse de una. La diferencia de precios entre hamburguesas, excluyendo las servidas en restaurantes absurdamente pretenciosos, es relativamente razonable.


Le diría que si hiciera un análisis financiero comparando los precios de 100 locales de hamburguesas, el 80% de ellos ubicaría el precio de una hamburguesa a una desviación estándar del precio promedio. Me explico: Si una hamburguesa promedio cuesta 75 pesos, podría encontrar algunas en 100 pesos y otras en 50 pesos, pero el 80% de todas ellas estaría entre 50 y 100 pesos. Es decir, la variación máxima entre el precio de hamburguesas, con respecto a un mínimo y a un máximo es de 100%. O cuesta 50 en el mejor de los casos, o cuesta 100 en el peor. Un 100% más, pues.


Esto es así en el negocio de hamburguesas. Pero en la fotografía de inmuebles, el precio mínimo que hemos observado en nuestro benchmark por cada fotografía es de 90 pesos. El máximo es de 4000. Esto representa una variación del 4400%. Parece inflación venezolana. La variación es tan, pero tan alta entre oferentes, que no existe algo como un "precio promedio por fotografía". Por tanto, el precio ideal es el que pueda —o quiera— pagar un cliente. El rango esta ahí, pero es demasiado grande como para que se coloque en algún punto con facilidad.


Esto crea algo que debe tener nombre dentro de la teoría económica, pero que llamaré "la cascada del abaratamiento". Que no es dumping, ojo. Eso es otra cosa. Acá al no existir un precio promedio conocido —como el de una hamburguesa—, un cliente se dedica a caer de fotógrafo en fotógrafo cada vez que encuentra a uno que ofrece un precio menor por el mismo servicio. Acuérdese que la calidad no es un diferenciador crítico para la mayor parte del mercado. No existe un piso, por lo que siempre habrá alguien que cobre menos que el anterior. Aunque también llegarán a usted clientes que han pagado precios más altos en otras ocasiones. ¿Cuántos llegarán? Eso depende de su estrategia de promoción, pero también a qué altura se colocará usted en la cascada.


Si cuenta con una formación profesional reconocida internacionalmente, una trayectoria impecable formada por años en el oficio y un equipo de primerísimo nivel, puede que se sienta con la confianza de ubicarse en las partes altas —3,000, 4,000 pesos por fotografía—. O tal vez acabe de llegar al club con su Rebel por delante, su lente de kit y muchas buenas intenciones, y se sienta orientado a colocarse en el extremo inferior.


Cuidadito con irse muy arriba, que se lo desayunan.

Solo recuerde que en las partes bajas, los clientes ya traen demasiada inercia, pues han recorrido mucho y se han vuelto buenos exigiendo cada vez más por menos. Ahí el agua golpea con más fuerza y los argumentos como —Me quitas todos los postes, los cables y los coches que están tapando la fachada— o —¿Y si por el costo de las fotos me haces también un videito?— son bastante comunes. Entre más se baje, hay menos respeto por el oficio, más alcances irracionales y lapsos de tiempo más cortos. ¿Desea usted tratar con este tipo de clientes? Aunque no lo crea, tiene la libertad de elegir... así como es libre también de alimentarse a base de sopas maruchan y latas de atún. No, que no está nada fácil esto.



La del estribo

No es sencillo vivir de la fotografía en general y de la fotografía de inmuebles en particular. Para muchos de los que hacemos esto, no es nuestra principal fuente de ingresos, y al igual que la arquitectura, lo hacemos por el cariño al oficio y no por lo lucrativo que pueda llegar a ser. Pero como en cualquier oficio, el tiempo otorga la maestría, y si se preocupa por ser mejor en cada sesión de fotografías que realice, de pronto le buscarán cada vez más. Y puede ser que llegue a una posición financiera cómoda que le permita convertir a la fotografía de arquitectura/inmobiliaria como su único ingreso. Eso sí, sería usted uno en un millón.


Pero ojo. La oferta en el mercado se está masificando. Esto se convierte cada vez más en un océano rojo donde la competencia es encarnizada. Debe ser inteligente al crear redes de contactos. Las recomendaciones personales y los clientes felices son lo más importante, no sus redes sociales o cuánto pague usted en anuncios. Sea eficiente al invertir en su equipo —le van a pagar por las imágenes que entregue, no por el equipo que trae encima— y no tiemble al presentar sus precios. Recuerde la analogía de la cascada y sea usted el salmón. Empiece abajo y de ahí hacia arriba. Le deseo suerte, que la va a necesitar.